En Carolina del Norte, la pesca comercial se está adaptando al peligro del calentamiento de los mares

En Carolina del Norte, la pesca comercial se está adaptando al peligro del calentamiento de los mares



Traducción por Aarón Sánchez-Guerra

Nota del editor: este artículo es el segundo de cinco de parte de la serie Changing Tides (Las Mareas Cambiantes), que se produjo en parte con el apoyo del Pulitzer Center.

La alarma suena a las 3 am y amanece Cole Gibbs, un muchacho de 21 años y oficial náutico del barco pesquero comercial llamado the Salvation (la Salvación).

Se sale de su cama lentamente y se pone una gorra que dice, en inglés, “Que América Vuelva a Pescar” sobre su cabello rubio greñudo. Se sube a su coche y luego maneja más de una hora desde su casa en Elizabeth City hasta Wanchese, una comunidad de pescadores muy unida en la isla de Roanoke.

A pesar de las mañanas tempranas y las largas horas de trabajo, a Gibbs le encanta su trabajo. Después de varias temporadas en grandes barcos de pesca comercial, prefiere pasar su tiempo a bordo del Salvation, un barco de excursión de un día que mide 32 pies que pesca en el océano Atlántico frente a los Outer Banks de Carolina del Norte.

Gibbs ahorra el dinero que gana con la esperanza de algún día comprar su propio barco. Este joven es una rareza en su negocio, ya que pocos hombres o mujeres jóvenes quieren capitanear sus propios barcos de pesca comercial. 

“Muy pocos jóvenes se están metiendo en esto porque no ven un futuro en ello”, dijo el capitán y dueño del Salvation, Charlie Locke, que vive en Wanchese, cerca de Manteo. 

La industria comercial marisquera frente a la costa de Carolina del Norte está aguantando una presión extrema, según Locke. 

Los pescadores comerciales en Carolina del Norte y otros lugares perciben un alto grado de riesgo regulatorio, cambios desconcertantes en las poblaciones de peces y otras fuerzas ambientales, y riesgos asociados con su cadena logística, como el precio que obtendrán por sus capturas y si encontrarán un comprador.

Las condiciones ambientales cambiantes son una preocupación, pero están afectando a una industria que ya está estresada. En el mejor de los casos, es una industria volátil, afectada por las fuerzas persistentes del clima, el mercado, la competencia internacional y el desarrollo costero.

Los científicos también están alarmados por el impacto volátil de un clima inestable en la pesca, una tendencia que Locke ha observado durante la última década. Esto empeora la profunda incertidumbre que ya envuelve a la industria pesquera comercial en Carolina del Norte.

“No hay duda de que algo está pasando”, dijo Locke. “El agua se está calentando. No hay que ser un genio para darse cuenta de eso”.  

Un clima cambiante no solo puede afectar la vida de Locke, sino también lo que los consumidores de Carolina del Norte: a quienes les encanta comer el pescado salvaje, encuentran en sus menús, en los mercados de agricultores y en los puestos de los supermercados. 

Más allá de los que están en barcos, las pequeñas comunidades a lo largo de la costa dependen de una industria próspera para apoyar a los pescadores y las áreas comerciales frente al mar.

Dave “Big Wave” Warren y Ryan Peele preparan su cebo para ir a pescar el blanquillo lucio una mañana a principios de julio en Wanchese. Mark Darrough / Prensa pública de Carolina.

La reducción de calidad del agua que resulta de la contaminación de aguas arriba se agudiza por un clima que se está calentando en los estrechos de Albemarle y Pamlico. Esto amenaza con perturbar las condiciones de los caladeros clave de cangrejos azules y otras especies valiosas.

El condado de Dare, impulsado en gran parte por el pueblo de Wanchese, tiene el mayor volumen y valor de mariscos de todos los condados de Carolina del Norte: casi 14 millones de libras de mariscos valorados en 20 millones de dólares en 2019, según la División de Pesca Marina del estado.

La economía de Wanchese, que queda a solo 12 millas de Nags Head, opera principalmente separada de la enorme economía turística de Outer Banks. 

Mientras las ciudades y comunidades de Outer Banks prosperan, los residentes del pequeño pueblo dependen del flujo y reflujo incierto de la pesca comercial. Eso incluye los trabajos que sustenta en los criaderos de peces y las industrias relacionadas con la pesca y su cadena de producción.

Culturalmente, la pesca comercial también define una forma de vida. 

La corriente oceánica

En una mañana nublada de julio, Locke está vestido con una camisa amarilla, botas de goma y pantalones cortos marrones con una gráfica de pequeños tiburones.

Por lo general, sale del puerto en su barco seis días a la semana antes del amanecer. Su plan un día incluyó tirar sus líneas de pesca en varios naufragios sumergidos cerca del cabo Hatteras, donde los cardúmenes del pez medregal se congregan.

Ese lugar marca la confluencia de agua tropical de la corriente del Golfo con una contracorriente de mar helado, transportada por la corriente del Labrador desde el Océano Atlántico Norte.

Los científicos han descubierto que el cambio climático está alterando la velocidad de la corriente del Golfo. El flujo marino debilitado puede provocar un cambio en la distribución de ciertas especies de peces.

Investigaciones científicas recientes mostraron que la platija de verano está abandonando las aguas de las Carolinas y migrando hacia el norte, un cambio que afecta a los grandes barcos de pesca de Beaufort. 

A lo largo del tiempo, la ubicación típica de captura del pez plano de color marrón claro con manchas blanquecinas se trasladó hacia el norte. Ahora, la mayoría de las capturas se realizan frente a la costa de Nueva Jersey, lo que obliga a los pescadores comerciales a viajar más lejos para capturar su cuota. 

La platija de verano también depende de las aguas estuarinas al oeste y noroeste de cabo Hatteras, además de los arroyos de marea del estrecho conocido como el Core Sound. La marisma y la vegetación sumergida de las aguas de los estuarios son importantes zonas de cría de platijas de verano juveniles, un hábitat ahora amenazado por el cambio climático. 

Los cambios no son todas malas noticias para Locke, de 47 años, quien se ha ganado la vida en un barco desde que tenía 18 años. Las poblaciones de caballa española se han mudado al norte hacia las aguas de las Carolinas, un beneficio inesperado para Locke y su tripulación.

Después de varias paradas que no rinden nada, encuentran el éxito en Diamond Shoals, una área de bancos de arena a 9 millas al este del cabo Hatteras debajo de una gigantesca estructura oxidada que alguna vez sirvió como estación de rescate. 

Charlie Locke saca un medregal, una especie de pez que se encuentra en las cálidas aguas de la corriente del Golfo, cerca del antiguo faro de Diamond Shoals, aproximadamente a 14 millas al sureste de cabo Hatteras. Mark Darrough / Prensa pública de Carolina.

A pesar de la fuerte corriente del Golfo que atrae a la embarcación del banco de peces, Locke y su primer compañero, Gibbs, enrollan varias docenas de medregales del océano que luce de un tono púrpura en la corriente del Golfo.

Un carrete mecánico enrolla el medregal, que debe exceder las 36 pulgadas de largo para usarse, de acuerdo con una regla establecida por el Consejo de Administración de Pesca del Atlántico Sur (SAFMC, por sus siglas en inglés.)

En la popa del barco, Locke y su primer oficial náutico están separados por un charco de cebo vivo: peces perca del tamaño de una mano, peces conocidos como spot fish, y otros peces que Locke capturó ayer.

Cuando la captura llega a la superficie, clava un anzuelo circular en el pez y lo arrastra por la borda hacia la cubierta. Locke agarra sus branquias, le quita el anzuelo y deposita el gato en un recipiente helado.

Al mediodía, los pescadores cumplen con su límite legal de 1,200 libras según las reglas federales, ya que Locke está pescando más allá de 3 millas náuticas de la costa, que vienen siendo aguas federales. Locke estima que obtendrá 2,50 dólares la libra, lo que supera el gasto de combustible y mano de obra: es un buen día para él.

De hecho, los dos últimos años de pesca fueron los mejores de su historia. 

Aunque Locke reconoce la existencia del cambio climático y su impacto en el agua en la que pesca, para él no es una amenaza existencial.

“Los científicos miran a computadoras y gráficos. Lo que estamos viendo en el agua no siempre concuerda con lo que sacan los modelos computarizados. Si tomas lo que ellos saben y lo que yo sé y lo unes, generalmente puedes resolver algunas cosas”.

Charlie Locke, capitán con sede en Wanchese y dueño del Salvation, un barco de pesca comercial.

“El cambio climático no es un problema tan importante para mí como … la regulación”, dijo, refiriéndose a las agencias estatales y federales que administran las cuotas de pesca, las reglas y regulaciones. 

“Lo que estamos encontrando como pescadores es que (las agencias reguladoras) toman, pero casi nunca dan. Ese es mi miedo. Lucharé con muchísimo esfuerzo para no perder algo porque sé lo difícil que es recuperarlo”.

Sin embargo, él es un aliado de la comunidad científica y participa voluntariamente en las comisiones de pesca federales y estatales.

“Prefiero que se escuche mi voz”, dijo. 

“Los científicos están mirando computadoras y gráficos. Lo que estamos viendo en el agua no siempre concuerda con lo que sacan los modelos computadorizados. Si tomas lo que ellos saben y lo que yo sé y lo unes, generalmente puedes resolver algunas cosas”.

Raman Bhardwaj / Carolina Public Press

De hecho, existen buenas noticias para la pesca comercial. Por lo general, las poblaciones de peces son saludables. La sobrepesca no es un gran problema, dijo el especialista en gestión pesquera Brandon Muffley del Consejo de Administración de Pesca del Atlántico Medio (MAFMC, por sus siglas en inglés.) 

Sin embargo, “las cosas están cambiando en el agua”, dijo. “Algunas especies se están mudando a nuevos territorios y expandiendo su área de distribución”.

El MAC, una agencia gubernamental independiente que administra la pesca, produce un “informe del estado del ecosistema” anual que brinda una evaluación de riesgo para que los funcionarios puedan administrar los recursos marinos dentro de su jurisdicción desde Carolina del Norte hasta Nueva York. 

Carolina del Norte es miembro de los consejos del Atlántico Medio y Sur.

El informe de este año incluyó un creciente conjunto de investigación que los científicos sociales y economistas llevaron a cabo para examinar la vulnerabilidad de las comunidades costeras que dependen de la pesca, dijo Muffley.

“Hay todas esas tensiones en nuestro frente costero”, dijo. 

“Si la pesca es vulnerable, también lo son las comunidades. Estamos tratando de generar la ciencia para entender cómo nuestras comunidades y pescadores se están preparando para esos cambios y qué tan bien están configurados para adaptarse a ellos. Queremos informar al consejo sobre lo que deben pensar al tomar decisiones de gerencia”.

En la práctica, no es solo la ciencia de la pesca la que motiva las decisiones de la gerencia pesquera. En el pueblo de Wanchese, por ejemplo, la vivienda es un problema, especialmente para los trabajadores de la industria. El primer oficial náutico de Locke, Cole, no puede encontrar una vivienda asequible en el puerto o cerca de él.

Por lo general, encontrar fuerza laboral confiable en un barco comercial no es fácil.

Un modelo para calcular factores sociales significativos es un número de índice de “dependencia” que estima la importancia de la pesca comercial y recreativa para las comunidades costeras. 

Muffley explicó que las comunidades más vulnerables social y económicamente batallan más para responder y adaptarse a factores ambientales cambiantes: los peligros de tormentas severas, cambios en el nivel del mar o cambios en la productividad pesquera.

Según el índice, tiene sentido que Wanchese dependa en gran medida de la pesca comercial y recreativa. 

Una de las variables contenidas en el índice de confianza es el tamaño de los barcos. En Wanchese, la mayoría de los barcos miden menos de 50 pies. Aunque su rango es limitado, los barcos más pequeños como el barco operado por Locke, tienden a capturar una gama más amplia de especies y son más adaptables a las cambiantes poblaciones de peces.

El barco de 32 pies de Locke, el Salvation, es un barco excursionista. Construido en 2005, su casco está hecho de enebro e impulsado por un motor de marca Honda que él reemplaza cada dos años. 

Charlie Locke dirige su barco en las primeras horas de la mañana de un día de julio. Mark Darrough / Prensa pública de Carolina.

Hay pocas comodidades a bordo del barco. El sistema séptico es una cubeta de 5 galones. Aún así, la tripulación puede capturar una variedad de peces utilizando una variedad de equipos y técnicas. 

El índice también sugiere que los pescadores de Wanchese no dependen de una sola especie de marisco, por lo que son más ágiles para adaptarse a las cambiantes condiciones ambientales y del mercado. Por ejemplo, algunas comunidades dependen de una única especie valiosa, como el camarón o el cangrejo azul. 

La estabilidad de la pesca comercial en Wanchese también depende de la próxima generación de personal náutico. “Tenemos una flota que se está haciendo vieja”, dijo Barry Nash, especialista en marketing y tecnología de mariscos de North Carolina Sea Grant. 

NC Sea Grant, con sede en la universidad de NC State, ofrece oportunidades de investigación, educación y divulgación relacionadas con problemas actuales que afectan a la costa de Carolina del Norte y sus comunidades.

“Tenemos gente que entró en esta industria hace 30 o 40 años, pero no tenemos gente que viene después de ellos”, dijo Nash. “Es una tarea dura y cara mantener un barco”.

En 1995, 5.494 pescadores con licencia comercial trabajaron en las costas de Carolina del Norte. Para 2011, eso había disminuido a 3.244, con solo 2.535 en 2019. 

Además de esto, la cadena logística también está fragmentada y carece de coordinación en gran parte del estado.

Ventas de mariscos mayoristas

Los efectos del cambio climático no solo se aplican a las aguas. El número de plantas empacadoras de mariscos al por mayor, conocidas como casas de pescado, también se encuentra en una escasez, según Nash.

En 2001, según NC Sea Grant, operaban 130 casas de pescado, pero se redujo a 83 en 2011. 

Aunque no se dispone de un recuento actual de casas de pesca, el número es estable, según Nash de NC Sea Grant. Muchas casas pesqueras cerraron tras la crisis financiera de 2008-09, dijo Nash. 

A medida que los precios de bienes raíces se aceleraron tras la crisis, algunas casas se agotaron. Sin embargo, dijo, la crisis económica eliminó el exceso de capacidad. Él cree que las casas que se quedaron estarán ahí por mucho tiempo.

Las casas de pescado dependen de la demanda constante de los consumidores, pero su éxito también depende de un suministro confiable de mariscos salvajes. 

Locke y la casa de pescado con la que está afiliado tienen una relación simbiótica. La casa le da hielo a Locke y espacio en el muelle. Locke descarga su pesca exclusivamente allí.

Con su cantidad límite ya pescada, Locke descarga su captura en O’Neal’s Sea Harvest en Wanchese, donde se pesa y se empaqueta en cajas de cartón de 100 libras llenas de hielo. 

Mack Hopkins corta filetes de un atún amarillo en el barco de su padre titulado Watersport, atracado en O’Neal’s Sea Harvest en Wanchese. Mark Darrough / Prensa pública de Carolina.

Ashley O’Neal, un ex jugador de fútbol americano universitario, y su hermano Colby se hicieron cargo de las operaciones del negocio familiar cuando su padre, Benny, se retiró en 2016. Su hermana, suegros e hijos también colaboran. 

El negocio está en el puerto de Wanchese en el parque industrial marino de Wanchese. El estado estableció el parque, dedicado al procesamiento de mariscos y la industria pesquera. Aunque el parque parece estar prosperando, lo que se ha afianzado ahí es una extensa industria de construcción de barcos. Los enormes barcos de alquiler de recreo en varias etapas de construcción y las instalaciones de almacenamiento de botes son evidencia de eso.

En una tarde de julio, O’Neal operó una carretilla elevadora levantando paletas de caballa española, atún patudo y cangrejos azules vivos en canastas en un camión con destino a Nueva York. O’Neal dijo que el 90% de su suministro está destinado a otro estado. El resto de sus mariscos se los entrega a pocos restaurantes y tiendas locales.

Cajas de mariscos en O’Neal’s Sea Harvest en Wanchese. Mark Darrough / Prensa pública de Carolina.

El negocio de O’Neal se ha adaptado a los ciclos del procesamiento de mariscos al abrir un restaurante popular en su sitio. Sin embargo, no obligaría a sus hijos a continuar el negocio porque hay demasiada incertidumbre, dijo.

“Hay límites y cuotas para todo”, dijo O’Neal, quien duda los datos de aterrizaje comerciales recopilados por científicos y agencias reguladoras. 

“Es necesario que exista una regulación, pero debe ir en ambos sentidos. Siempre que pierdas tus derechos para pescar algo, nunca los recuperarás. Tiene que haber concesiones mutuas. En este momento, no son mutuas”.

La demanda está fuerte

Si bien existe volatilidad en la industria, los consumidores de Carolina del Norte anhelan mariscos salvajes cosechados en la costa. Entre sus favoritos están los camarones, la platija, las vieiras, las ostras y el atún, según una encuesta reciente realizada por NC Sea Grant.

En total, los mariscos salvajes de Carolina del Norte contribuyen con $300 millones anuales a la economía del estado. 

“La demanda está ahí”, dijo Nash. A pesar del crecimiento de la acuicultura, no ve que la fuerte demanda de pescado capturado en la naturaleza por parte de los pescadores de Carolina del Norte se evapore.

Los inventarios impredecibles de la captura salvaje son los comodines. La mejor suposición de Nash es una cadena logística que obtiene tanto pescado de granjas como pescado salvaje.

La cadena logística requerirá una mayor coordinación entre los productores independientes de la industria para considerar formas de mover el producto tierra adentro, dijo.

La mayoría de los consumidores compran mariscos en supermercados y restaurantes, pero los mercados de agricultores y otros mercados minoristas son cada vez más importantes. Sam Kosik vende directamente a los consumidores en seis mercados de pescado lejos de la costa en el área de Asheville y abrió una tienda en marzo de 2020.

Los clientes cenan en O’Neal’s Sea Harvest en Wanchese. Mark Darrough / Prensa pública de Carolina.

“Planeamos de acuerdo con lo que tienen nuestros proveedores”, dijo Kosik. “Las temporadas de camarón son mucho más cortas. Entran y salen. No están ahí, o el precio se ha disparado. Tenemos que ser flexibles en una dirección u otra”.

En última instancia, una red de distribución más fluida del este al oeste ayudará a los pescadores y las casas de pesca a mitigar la escasez y los excedentes.

Eso puede depender de la capacidad de pescadores como Locke para adaptarse a un océano alterado. Puede que no sea fácil.

Ganadores y perdedores

Los pescadores comerciales que han sobrevivido, dijo Locke, “ya están por salir o les va muy bien”. 

“Realmente no hay un término medio”, dijo. “Mucha gente, especialmente los chicos mayores que lo pasaron tan bien en el apogeo de los años 70 y 80, tienen dificultades para adaptarse porque sienten que han perdido mucho”.

A pesar de su sociabilidad y encanto, Locke prefiere el trabajo más solitario de la pesca comercial que trabajar como guía de pesca recreativa. 

Locke ha mantenido una ventaja mediante el uso de las redes sociales y el desarrollo de una marca. Es mentor de pescadores jóvenes y mantiene una relación sólida con NC Sea Grant. También es voluntario en numerosos consejos asesores.

Recientemente pasó una semana en el agua trabajando con investigadores de tiburones. Locke es emprendedor y conocedor de la ciencia y las regulaciones a las que se enfrenta. Él sabe lo que hace y le encanta pescar.

El nombre de su barco transmite su espíritu: “La pesca ha sido la única constante en mi vida”, dijo Locke. “Es mi salvación”.

“Para triunfar en esto tienes que seguir adelante”, dijo. “Aprendí hace mucho en la vida a no concentrarme en lo que está detrás de mí. Si te concentras en la ventana retrovisora, vas a chocar”.

“No estoy presumiendo, pero sí pienso en estas cosas. Tengo un plan en mente”.

Sin embargo, andar en territorio inexplorado es cómo Locke y otros en esta industria volátil enfrentarán los obstáculos futuros de un creciente impacto ambiental que ya está en marcha.



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